Abogada de profesión y de vocación. Tenía muy claro, desde muy pequeña (quizá con 5 o 6 añitos), que quería ser abogada y, como buena aragonesa que soy (terca y cabezona) lo conseguí. Sin embargo, soy una persona muy inquieta y he estudiado marketing, finanzas, informática y cualquier cosa que pudiera parecerme más o menos interesante.
Mis tres vicios confesables son leer, escribir y las pesas. Si, soy una gymrat de manual y no me escondo 🙂 Si no estoy en la oficina, búscame en el gimnasio. Eso sí, no me hables de trabajo a ser posible o me tendrás que invitar a comer (otra de mis grandes pasiones).
1. ¿Qué es lo que más te sorprendió de Integra cuando entraste?
La confianza y transparencia, tanto en línea vertical como horizontal. INTEGRA es una familia donde todos tenemos voz, espacio e importancia. Desde el primer minuto me sentí en casa. Además, la posibilidad de formarme, de experimentar, de arriesgarme sin miedo a fallar es infinita. Todo ello hace que mis ganas de seguir mejorando no paren y ser cada día un poquito mejor que el anterior.
2. Qué es lo que más te motiva/te gusta de tu trabajo?
Cada día es una aventura que te obliga a estar con los cinco sentidos en alerta. La dinámica de trabajo te empuja continuamente a formarte, investigar, pensar y volver a pensar una y otra vez. Ningún día es igual a otro y eso me encanta. Además, me encanta poder trabajar con todos los compañeros de Integra. Es super enriquecedor y, de todos ellos siempre aprendo algo nuevo.
Integra es una familia donde todos tenemos voz, espacio e importancia.

La anécdota

Tengo muchos y muy buenos recuerdos en estos casi dos años que llevo en Integra. Quizá la anécdota más graciosa fue a la hora de la comida. Mis compañeros saben que me gusta mucho (pero mucho mucho) comer. Un día tardé más de la cuenta en ir al office a comer y me quedé la última. Al ir a abrir la nevera y coger mi comida, me di cuenta que la mochila estaba vacía. ¿Me habría dejado la comida en casa? Ya estaba para salir a comprarme algo cuando ¡oh, sorpresa! me la habían escondido en otra nevera. Mi cara debió ser un cuadro al abrir la mochila y no ver la comida (prácticamente, al borde de la lágrima) porque acabaron todos prácticamente por los suelos riéndose. No obstante, acabé comiendo un estupendo tupper de pasta que me supo a gloria en ese momento.
